Otoño, tecnología y comodidad se juntan para hacer una de las máquinas mas toca pelotas del mercado, “El soplahojas”, ese gran invento que consiste en un motor que expulsa aire caliente, utilizado para desplazar las hojas hacia otro lugar y que es usado frecuentemente por barrenderos y personal de limpieza.
Bien, pues este gran invento no produce precisamente sonidos armoniosos y agradables para el oído humano, sino que hace una especie de ruido que atraviesa paredes y dobles ventanas.
Ese trabajador, que trabaja los días laborables, festivos y hasta el día de San Barrendero desde las 10:00 hasta las 12:00 de la mañana. A lo que tu piensas, este hombre no podría venir a mi casa amablemente y preguntarme, perdone, ¿sobre que hora se levanta usted?, es para no molestarle con el ruido de esta mierda de aparato que me obligan a usar, ¡pero tranquilo! ya he presentado una denuncia para dejar dejar dormir a los vecinos tranquilamente sin tener que soportar este sonido comparable a una canción de reggaeton. También he presentado una denuncia contra el inventor de esto, porque ha logrado quitar el sueño a miles de personas en todo el mundo. Ademas, mira, te dejo aquí mi número de móvil y cuando te levantes, si te acuerdas, me das un toque y empiezo a trabajar.
Pero claro, como esto no sucede ni sucederá la única esperanza que me queda es la de esperar que ese día llueva, nieve, alguien (accidentalmente siempre) haya roto el soplahojas o el gran trabajador (lo dicho, accidentalmente) se rompa una pierna, brazo o cabeza.
También llegas a la conclusión de que este hombre no se merece vacaciones ya que cuando no trabaja por condiciones contradictorias estará tocándose sus partes nobles con gran interés y soltura, poniéndole los cuernos a su mujer o tomándose un café, a lo que tu vuelves a pensar, a ver si en vez de café algún día le ponen magma volcánico recién hecho y, desgraciadamente, se tiene que dar la baja.
Mientras que no suceda algo que impida el trabajo de esta persona, nombraré al soplahojas y a su amo mis enemigos números uno.
Se me pasaba, ¡Feliz Ramadan! y esas cosas que se dicen en estas fechas de negación estomacal.
Y como regalo os dejo otra conversación con la gran pensadora del siglo XXI Fatima Gassa Gassa despues de mantener anteriormente otra conversación con ella en la que le demostré todo mi amor, fantasía e ilusión por vivir una vida plena los dos juntos.
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